Julio César: Conquistando con música

domingo 14 junio 2009

      Año 46 a/C. Julio César, al frente de su todo su ejército, se encuentra en una orilla del río Rubicón. Sabe que cruzarlo significa transgredir las leyes del senado y comenzar la guerra civil. El que será el próximo emperador romano lo tiene decidido ya, pero también sabe que pese a su gran carisma y el respeto que se ha ganado de sus soldados, necesita armarse de razones o excusas que muestren esta transgresión de las normas establecidas como algo necesario. De esta forma sería además el "bueno" dentro de la guerra.

      De hecho, un año más tarde, cuando ya vencedor de la batalla de Farsalia, ve delante de sí al enemigo aniquilado proclama: "ellos lo han querido....". Muchos son los historiadores que presentan las hazañas de César como fruto de su desmedida ambición. Otros lo defienden como que fue el único que percibió los excesos de la República y quiso salvar a Roma de ellos. Sin duda alguna, fuera de una manera o otra, el inteligentísimo extratega supo criar la fama que le convenía.

      Volvemos al Rubicón. César urde un plan "divino" que le otorque el destino de Roma y las benevolencias de los dioses. Por lo menos, necesita que sus seguidores lo vean así. De esta forma, una mañana un hombre de gran envergadura y gran belleza (que con la narración una y otra vez de la historia se convertiría en un gigante)  aparece junto al río tocando una flauta. Los soldados se acercan maravillados y el "gigante"  roba una trompeta de guerra a uno de ellos. Inmediatamente comienza a interpretar toques de guerra mientras cruza el Rubicón y hace señas de que le sigan.

    Julio César, atento a la escena (...), dice: "Vayamos a donde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de nuestros enemigos. La suerte está echada (Alea iacta est)".


       Hasta aquí la historia, pero quiero reseñar por un lado, que César se aprovecha de la unión tan íntima como frecuente entre la mitología y la música. Baste recordar los mitos de Orfeo, Pan... Por otro lado, Julio nos muestra una vez más el poder de la música para llegar al espíritu humano. Ante los toques de guerra el ejército no dudó un instante y envalentonado cruzó el Rubicón. Es curioso que un orador tan excelente como fue Julio, que había conseguido con su retórica convencer al prójimo a su conveniencia, eligió esta vez una prodigio divino musical para lograr lo que deseaba. Sin duda no se le escapó el poder de la música. Hoy en día podemos ver esta uso de la música en muchos eventos: En cuelquier mitin político caldean el ambiente y preparan las intervenciones de los líderes a base de música y decibelios. El mismo Barça de Pep Guardiola, unos minutos antes de jugar la final de la Champions League, visionó un video con sus éxitos de esta temporada y con la banda sonora a gran volumen de la película "Gladiator". Los jugadores más tarde reconocieron el efecto vigorizante de la experiencia.

     De este hecho referente a la historia de Roma, han quedado frases hechas como "cruzar el Rubicón" cuando una decisión entraña que una vez tomada ya no hay vuelta atrás. O el famoso "Alea iacta Est", la suerte está echada, tomada del juego de dados cuando se tiran los dados pero todavía no se han parado, cuando no hay ya vuelta atrás.

Fuentes:

Lillo Redonet, Fernando: Revista "Historia" de National Geographic, número 66, "Julio César, el camino al poder".






Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado